Rutas Marruecas

Marruecos y sus tradiciones religiosas más populares

Sonia Gámez | 1 abril 2019

Cuando viajamos por Marruecos nos convertimos en espectadores de numerosas costumbres y creencias que, ya sean religiosas o no, no llegamos a entender. Trabajar durante varios años en proyectos relacionados con las tradiciones religiosas marroquíes me ha animado a publicar este post con el fin de esbozar de forma somera algunas de las prácticas más arraigadas en este país. En la actualidad, podemos considerar que las sociedades musulmanas están sufriendo una acelerada transformación que afecta negativamente y de forma proporcional a los usos y costumbres populares, un terreno donde religión y tradición se confunden y cuyas prácticas no responden a cánones establecidos ni oficialistas.
Gran parte de la población marroquí es heredera de los antiguos grupos amaziges que formaban parte de tribus o cabilas históricamente unidas por lazos familiares. Sin embargo, en la conciencia de algunos marroquíes se ha ido diluyendo el recuerdo de aquellos orígenes tribales para conducir su mirada hacia oriente, desde donde se exportan nuevas corrientes o interpretaciones que podemos considerar una consecuencia directa del proceso de «reislamización» que está viviendo el mundo musulmán. Este nuevo islamismo que ha comenzado a emerger en ciertos sectores de la población, conlleva un alejamiento de las creencias populares para ceder el paso a un islam más rigorista. Las constantes «reformas» por parte de determinados grupos, pretenden autentificar el islam que ellos practican como el verdadero, repeliendo o menospreciando como no islámicas otras prácticas tradicionales locales. En general, el rasgo distintivo de la sociedad marroquí ha sido la tolerancia y la tendencia a la conciliación de las diferentes tendencias y formas de pensamiento, por ello, podemos afirmar que el islam que se ha practicado tradicionalmente en Marruecos ha sido heterogéneo y complejo.

La tradición morabítica es una práctica religiosa popular muy arraigada en Marruecos que tiene sus fundamentos culturales y filosóficos en la línea del sufismo. Vamos a considerar estas creencias como populares en tanto que están muy extendidas y por su importante desarrollo en las zonas rurales, caracterizando durante siglos a las sociedades del norte de África e incluso del sur de la Península Ibérica. Las prácticas morabíticas son el resultado de un largo proceso asociado a la rápida expansión del Islam por el Magreb, un intervalo en el que la nueva religiosidad absorberá las antiguas creencias y la espiritualidad de las comunidades amaziges magrebíes.
Los cultos preislámicos están muy ligados al desarrollo de la agricultura y a la religiosidad de las sociedades mediterráneas primitivas, de ahí que estos rituales estén vinculados a elementos de la naturaleza como rocas, árboles o ciertos animales. Las evidencias demuestran que estos ritos tuvieron continuidad después de la instalación del islam en el norte de África, produciéndose, inevitablemente, la islamización de los mismos. El mantenimiento de signos de identidad amaziges durante el asentamiento del nuevo dogma, propició la consolidación de una escuela flexible y conciliadora con el entorno cultural como es la malakí, que viene mostrando en Marruecos cierto carácter integrador y moderador con las manifestaciones locales.
Finalmente, lo que vamos a conocer como morabitismo, no puede concebirse sin el trasfondo histórico del sufismo, el tasawwuf. Los fundamentos de este pensamiento filosófico nos conduce al entendimiento de la relación del islam con la naturaleza, que se manifiesta en la búsqueda sufista de la unión con dios, considerando a todas las criaturas de la tierra como formas de manifestación divina. Pero, además, este modelo simbólico está asociado a una serie de elementos místicos y ascéticos que conllevan una nueva concepción del cuerpo, una noción de persona a la que se le reconoce la gracia, un carisma vinculado a la baraka y a todo lo que representa. Por lo tanto, la llegada de esta corriente mística va a introducir nuevas ideas que arraigaron con fuerza en las comunidades amaziges, por un lado, el incondicional sentimiento de amor hacia la divinidad y, por otro, el concepto de santidad islámica, término que utilizamos para traducir la expresión ualiya Allâh, los amigos de dios, que ya son mencionados en el Corán y a los que normalmente nos referimos como santos o santones.
Este sincretismo religioso de las comunidades magrebíes fue desarrollando un perfil propio, más folklórico y popular, donde la presencia del sufismo quedó manifiesta en ciertos aspectos rituales, por lo tanto, morabitismo y sufismo representan dos tendencias bien diferenciadas pero es evidente que aquella no podría existir sin ésta. Las tariqas sufíes (cofradías) adquirieron un carácter más institucional y sus seguidores van a desarrollar su experiencia esotérica en las zagüías, que son corporaciones religiosas que adquirieron funciones diversas dentro de una cofradía. En tiempos pasados estos centros ostentaron un importante poder político y social, pero poco a poco fueron perdiendo parte de sus atribuciones. Como afirma B. Morris, no podemos identificar a los sufíes con la tradición más popular o morabítica, pues gran parte de sus practicantes pertenecen a un contexto urbano y centran sus prácticas, en muchos casos, al estudio y las escrituras sagradas. Los discípulos o foqara, son conducidos por un sheij o guía espiritual que los ayuda a deshacerse de aquellos velos o capas que les impiden estar en la presencia de la divinidad. El sufí inicia un camino o vía, lo que se conoce como tariqa, hacia la pureza y la limpieza del espíritu, con el fin de encaminarse en la idea de la contemplación de dios, es decir, alcanzar la visión o la apertura que determina la unión con la realidad o divinidad última que es la gnosis de este pensamiento. En Marruecos existe una importante presencia de las prácticas sufíes y son innumerables las escuelas que continúan las enseñanzas de sus maestros fundadores, donde se promulgan valores como la humildad, la simplicidad, o el ascetismo.

Ritual en una tariqa sufí. Fotografía: Alejandro Moreno

Los morabitos o mrabet son pequeños edificios o ermitas que se encuentran diseminados por todo el territorio marroquí, donde vamos a encontrar un número incalculable de ellos. Estas construcciones representan un punto en el espacio que contiene un valor simbólico importante, sin ellos, este paisaje perdería su identidad ahora que todo tiende a la homogeneización. En su interior descansa una persona destacada, hombre o mujer, aunque es más habitual que sea un hombre, al que en vida se le reconoció una serie de cualidades especiales que le otorgó el respeto de la población.
A esta dispersión de lugares sagrados le acompaña, en muchas ocasiones, diferentes patrones de distribución espacial que nos dan la clave del mayor o menor desarrollo de estas prácticas en el territorio. Algunos estudios recientes han profundizado acerca de esta ordenación territorial de los santuarios y en este sentido es interesante destacar el trabajo realizado por el profesor Lahsen Taquï y su equipo, Los bosquetes de los khaloas, donde justifica, después de un intenso trabajo de campo por todo el territorio marroquí, los diferentes posicionamientos de los morabitos o lugares sagrados. Los resultados de este estudio confirmaron que la mayor densidad de estos santuarios se ha localizado en los límites entre tribus, debido a que los santos jugaban un importante papel de arbitraje en los conflictos tribales. Otros patrones atienden a la defensa del territorio, pues muchos de estas personas fueron muyahidines, es decir, combatientes de la fe islámica que adquirieron un papel destacado en momentos de crisis política o frente a la invasión extranjera, así los encontramos localizados generalmente en zonas estratégicas desde el punto de vista militar o defensivo. También se ha detectado una pauta ligada a los caminos más importantes, siguiendo los pasos de los peregrinos y viajeros que se desplazaban de un lugar a otro, o en los recorridos de las caravanas comerciales nómadas que conectaban el Magreb con el África subsahariana, por lo que numerosos enterramientos se encuentran en las etapas más destacadas de las vías principales. Es muy interesante la importancia del agua en el entorno de estos lugares sagrados, por lo que existe un patrón vinculado a este elemento que contiene una importante carga simbólica pero también de vital necesidad en las áridas tierras de Marruecos. Ahí donde emana el agua, sobre todo en las fuentes, generalmente podremos encontrar un santo en su tumba, un pequeño bosquete alrededor o un árbol sagrado.

Morabito con un amplio cementerio a su alrededor.

Identificar estos lugares en el territorio es relativamente fácil por su peculiar arquitectura, pero además el lugar sacralizado cuenta con una serie de elementos definidores donde juega un papel fundamental la vegetación que los acompañan. Alrededor de estos pequeños edificios se evidencia la conservación de una espesa masa boscosa y otros componentes biológicos del ecosistema natural. Esto se debe al respeto que tradicionalmente ha mostrado la población hacia estos enterramientos que, en muchas ocasiones, se encuentran rodeados de un cementerio donde descansan los descendientes del santo o los vecinos del entorno. Gracias a la profunda devoción y aprecio hacia los ualiya Allâh, y a lo que a su alrededor ha generado, el sitio se respeta. De esta manera, la vegetación natural ha permanecido conservada y todo lo que contiene el lugar sagrado es protegido y no se toca, lo que ha permitido encontrar en estos lugares estructuras de ecosistemas mediterráneos perfectamente mantenidas y que es imposible de encontrar fuera de los alrededores del santuario.
Además del morabito existen diferentes espacios activos de religiosidad donde se practican, principalmente, rituales de sanación. Hasta estos lugares acuden los habitantes de la zona, sobre todo las mujeres, para hacer una ofrenda o dejar un exvoto a cambio de conseguir la curación de un mal principalmente, ya sea corporal o mental. En los morabitos o santuarios vamos a encontrar huellas de época preislámica que evidencian la permanencia de ritos ancestrales pero, además, vamos a observar que algunos santuarios no se corresponden con el modelo convencional de ermita, sino que será un componente de la naturaleza lo que establezca el sitio sagrado al que acuden los peregrinos.

Tipologías constructivas de algunos morabitos dispersos por el territorio marroquí.

Son muchas las evidencias de la conciliación de creencias y rituales definidas por elementos del mundo natural, estas las encontramos en los Santuarios animistas. En ellos, observamos como la huella de las primeras manifestaciones del pueblo amazige pervive en un sincretismo religioso fuertemente arraigado en la zona rural marroquí. Rituales vinculados al árbol, a la piedra, a las fuentes, cuevas o manantiales, también a ciertos animales, son ejemplos de espacios sacralizados activos que caracterizan la tradición morabítica. El uso continuado de estos espacios de religiosidad naturalista ha perdurado hasta hoy y lo podemos encontrar en forma de árbol seco donde las mujeres dejan exvotos en sus ramas para proteger a sus bebés enfermos; o cuevas donde se realizan rituales de sanación o fertilidad en relación con el agua; o marañas herbáceas rodeadas de exvotos o, incluso, extensos bosques sagrados.
Por otro lado, existen las tamrabet, un término que sirve para identificar un santuario femenino cuya tipología tiene escasas reseñas bibliográficas. Son pequeños santuarios que simbolizan lo femenino, un tipo de cenotafio construido a piedra seca que podrían considerarse elementos de transición entre las manifestaciones preislámicas y las prácticas morabíticas. Todas las tamrabet son prácticamente idénticas, están construidas con materiales muy pobres y sin ningún tipo de ornamento. No tienen enterramiento en su interior, tampoco a su alrededor, y generan un grupo específico frente al morabito tradicional. Son consideradas por los vecinos como espacios sagrados femeninos, donde se realizan rituales de invocación a espíritus benévolos.

Ejemplos de santuarios animistas (arriba). Santuario de Sidi Moulay Abdesselam, con su árbol sagrado, en la Yebala (abajo).

Después de varios años de trabajo de campo, he podido confirmar que en el interior del morabito se manifiesta la religiosidad femenina. Estos espacios se han convertido en un lugar de encuentro donde las mujeres se reúnen y expresan su libertad sin estar sujetas a lo que generalmente se espera de ellas. No necesitan estar acompañadas de los hombres y pueden desplazarse libremente hasta el sitio e incluso quedarse a dormir sintiéndose protegidas por el santo que van a visitar. En las sociedades musulmanas las mujeres han sido apartadas de la esfera masculina lo que las ha llevado a generar espacios propios que se revisten de simbología, códigos y un lenguaje que indican la sacralidad del lugar. En realidad, como explica la socióloga marroquí Khadija Amiti, lo que ha conseguido la mujer, frecuentemente reprimida y cuestionada, es desarrollar su capacidad para encontrar espacios dentro de la estructura patriarcal en la que viven. En este caso, los santuarios se han convertido en espacios femeninos donde las mujeres se reencuentran diariamente, un lugar donde comparten emociones y conocimientos, un rincón apartado donde converge el deseo de evadirse de lo cotidiano, además de interactuar en ritos curativos o de purificación.
Las mujeres juegan un cometido fundamental en la transmisión de las tradiciones y tienen la capacidad de conservar los valores culturales y creencias, así como la facultad de transmitirlas oralmente, adquiriendo un papel preponderante y esencial en el devenir de la religiosidad popular. La devoción o fe de los hombres hacia los lugares sagrados propios de la tradición morabítica es inferior a la de las mujeres, ellos orientan sus prácticas a un culto en las mezquitas o bien forman parte de las cofradías sufíes con cierto carácter institucional. Cada pueblo tiene sus santos cercanos y esto ha permitido a las mujeres desplazarse dentro del territorio tranquilamente y con total seguridad y libertad. Ellas acuden hasta el santuario para pedir la baraka y realizar sus postulaciones, que casi siempre tienen que ver con la salud, el cuidado del cuerpo o la protección de los suyos, una de las tareas que históricamente han llevado.
Aunque en menor número, vamos a encontrar mujeres santas enterradas en sus santuarios por todo Marruecos. En el Magreb hallamos numerosas leyendas de mujeres que destacaron por su carisma, entre ellas la de Lalla Mimuna, que llegó a ser una santa muy venerada en África del Norte, o la patrona de la ciudad de Larache, Lalla Mennana, a la que se le atribuye la protección a los muyahidines. Como estos ejemplos existen otros muchos en todo el mundo musulmán.

Mujeres rezando en el interior de un morabito.

Exvotos en el interior de un santuario.

Los rasgos que caracterizan a la religiosidad popular son comunes en toda la cuenca mediterránea, ciertos aspectos rituales o las manifestaciones animistas por ejemplo, no son exclusivos del Magreb, aunque, por circunstancias históricas estas expresiones han arraigado con mayor fuerza en países como Marruecos o Argelia. En el Mediterráneo vamos a encontrar, como afirma la antropóloga Maria-Àngels Roque, aspectos culturales compartidos relevantes, identificados también en rituales de la religión popular. Por otro lado, poblaciones diferenciadas culturalmente que han compartido un mismo espacio van a sufrir un proceso de intercambio y transmisión cultural enriquecedor. Tenemos el ejemplo de las comunidades judías que se instalaron en el norte de África, que asimilaron y compartieron numerosas costumbres y hábitos del pueblo amazige, y que han quedado manifiestas en algunos aspectos rituales. En Marruecos, muchos de los santos enterrados son de origen judío y sus tumbas, en el interior de estos pequeños morabitos, han sido visitadas y honradas tanto por musulmanes como por las comunidades sefardíes de la zona. Sin embargo, estos rituales no son propios de la tradición judía más ancestral pero, en el norte de África, probablemente por el contacto y relación con la cultura amazige se van a producir estas creencias y prácticas.
El término santo no es usado por los judíos para dirigirse a estas personas con carisma, para ellos santo es solo dios. En la lengua hebrea se utiliza la palabra tsadik, tsadikin en plural, que significa justo, correcto y, además, identifica a las personas que en vida fueron muy reconocidas y sabias, tanto por sus conocimientos de los libros sagrados o de la ley judía. Tras la muerte, estas personas se convierten en el centro o eje del peregrinaje de otros judíos que llegan para rezarle esperando algún milagro o concesión de un deseo.
Tanto el judaísmo como el islam no reconocen mediadores entre el hombre y dios, si embargo, vamos a encontrar una realidad bien distinta. Tanto unos como otros han acudido tradicionalmente a estos lugares en busca de la purificación y la sanación del cuerpo, postulan junto a la tumba y dejan exvotos con el fin de adquirir la gracia del santo aunque, oficialmente, esto no va a ser reconocido por ninguna de las religiones.

Desde Tubqal Marruecos, siempre intentamos incluir en nuestros itinerarios de las diferentes rutas la visita a santuarios próximos, ya sean morabitos, tamrabet o bosques sagrados, con el fin de explicar al viajero in situ las creencias y prácticas más arraigadas en la tradición cultural del pueblo amazige.

2019-04-29T09:00:07+02:00